miércoles, 3 de noviembre de 2010
¿Cómo andamio?
A vos, y a todos los que preguntan "¿Todo viento?", "¿Qué acelga?", "Nada, acá me ando" y que agradecen mediante un nauseabundo "Graciela". Ah, quisiera catapultarlos hacia el éter de un poderoso puntapié en los cuartos traseros.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Es inevitable
- Los hombres que dicen "mi señora"
- La palabra "coche" en lugar de "auto"
- "Pantalón vaquero" en lugar de "jean"
- Los que pronuncian "Shhhhho fui a un yow en el Yeraton" en lugar de "Yo fui a un show en el Sheraton" (léase: la "sh" suena como la "sh" en inglés, un sonido sordo, medio como de sifón. La "y" suena como la J en francés, tiene que vibrar)
- Los que comen absolutamente todo con pan. Cualquier resto miserable en el plato, sea un pedazo de lechuga, un pedacito de pollo, o hasta incluso mayonesa, es útil para trapearlo con un pedazo de pan y engullirlo
- Los hombres con pelo muy largo. Si no sos metalero o tenés cara de nórdico/vikingo, no queda bien: terminás pareciéndote a Daniel Agostini, o a un camionero, o a un repartidor de pizzas. O a Daniel Agostini repartiendo pizzas en un camión. *
- Ese fanatismo ciego de religioso enamorado por Maradona
- Los que dicen que algo es "fino" (ya la palabra "fino" me provoca arcadas)
- La gente que usa escarbadientes (gracias Agus)
* Aquí: Un lindo pelo largo. Y un pelo largo que claramente no da.
Edit:
- Los que le ponen kilos y kilos de mayonesa a absolutamente todo. ¿Qué onda, no tienen papilas gustativas? ¡Por el amor de dios, el choripán y la mayonesa no combinan! (Cortesía de La Amante)
martes, 15 de septiembre de 2009
Oferta
Y yo en la parada del colectivo, riéndome sola como una desquiciada lista para el manicomio. Sí, vos, el que hizo ese anuncio. Cómo se nota que vos también trabajás desde tu casa.
martes, 8 de septiembre de 2009
Follow the yellow brick road
Llegaron a prohibidonoquejarse buscando:- no aguanto el ruido de los autos en mi apartamento
- CONSEJOS PARA QUE LOS SAPOS NO ME SAQUEN DE QUICIO
- me picaron en el pasto
- fidel castro bullshit
- donde creo emoticones q titilen de colores
- emoticones fuscias
- el perimetro de un cuadrado y la formula !!estoy en cuarto,vo¡¡ del cuadrado
- COMO TRABAJA UNA BOCINAS DE AUTOMOVIL
- piropos abusadores
- historias sexuales de julieta prandi
- fotosdetrolas
Llegaron a piesdepapel buscando:
- mariposas marrones con manchas naranjas en tu habitación
- tengo calores en la cara por segundos y me marea la cabeza
- las lagrimas trenzadas se salir
- Mujeres idealizadas mirando ventana, dibujo
- tengo confusion
- tengo temperatura tengo frio che pude ser
- un castiyo con vastantes maryposas
- adolescentes , mariposas en la cabeza
- vestidos de sans-titre
- deseo ichasable
- como sobrevivir con un tornillo en una escalera de madera
lunes, 30 de marzo de 2009
Pensamiento Cuadrado

El cuadrado es la figura geométrica más mezquinamente simple de todas. Lado por lado. O lado al cuadrado.
Hasta un círculo es más complejo. La fórmula para el área del círculo, o hasta el mismo hecho de trazarlo se hace dificultoso.
El triángulo, que puede alternar, cambiar de moda, ser isósceles, equilátero, o escaleno, y sus ángulos presentar una infinidad de variantes; ser alto y flaco, más bajo y ancho, estirado, chueco, rectangular. De todo.
Cada figura tiene su variante, su característica que lo hace distinto, y entonces un triángulo nunca es igual a otro triángulo, un rombo puede ser un diamante o un barrilete. Pero el cuadrado no. Por eso a una persona lenta, torpe, con poca capacidad de razonamiento, se le dice “cuadrada”. El cuadrado es, por todas las formas, cuadrado, igual de todos lados. Dos por dos, cuatro por cuatro, veintitrés por veintitrés, da lo mismo. Sigue siendo cuadrado, simple, estúpidamente sistemático, toscamente aburrido, monótono, idéntico a cualquier otro cuadrado, quizá un poco más chico o más grande, pero siempre parejo, siempre simplón, sin creatividad ni alternativas.
Y así... Así es la gente cuadrada.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Lección
En el día de hoy aprendí tres cosas:
1. Nos educan desde chicos a aceptar sin discutir todo lo que nos dicen
2. El corpiño que me compré está buenísimo y soluciona cualquier conflicto con la gravedad
3. Lo de que los kiosqueros no tienen monedas es una mentira. Con un escote sacan monedas de la caja como si fuera una galera.
Pero vamos a enfocarnos en el primer punto, que es lo que más importa ahora. Los tiempos cambian, las costumbres cambian. Lo que ayer era una injuria para la moral, un pecado mortal que merecía ser castigado con una muerte lenta y dolorosa, ahora no es más que una costumbre, un hecho habitual que pasa desapercibido.
Antes, por ejemplo, el deber de la mujer era el de cuidar a la familia, a los hijos, preparar la comida y saber limpiar. Ahora las mujeres podemos tener un trabajo estable, una carrera, somos beneficiarias (y víctimas) del sufragio. Antes, el sexo antes del matrimonio era prácticamente considerado herejía y quien lo practicara era Hijo de Satán. Hoy en día, quien no tiene aunque sea un acercamiento sexual durante la adolescencia, es un perdedor. En otros tiempos, estaba prohibido para los niños participar de la conversación en la mesa familiar. Actualmente, puede que ni siquiera haya cena familiar.
Sin embargo, una tradición absurda (y no hablo de la xenofobia, el racismo, el sexismo y demás tipos de discriminación que la retrógrada naturaleza del humano hará dificultoso erradicar) aun sigue vigente.
Esta tarde, mientras caminaba hacia mis clases particulares de Lenguaje Musical, fui testigo de una escena que, supongo, reconocerán haber vivido alguna vez durante la infancia. Un padre empedernido sujetaba con saña a su hijo del brazo, reprochándole: “¡¿Pero por qué no me hacés caso?! ¡Te dije que no cruzaras la calle sólo, y mirá, empezaste a cruzar!”, a lo que el chico respondía –a medias, ya que no podía pronunciar dos palabras sin ser interrumpido por el padre – tratando de defenderse. “¡No!” lo atajaba el hombre, aun sacudiendo la mano desarticulada de su hijo en el aire como si fuera una marioneta. “Si alguien te dice que es así, ¡es así!”.
Si alguien te dice que es así, es así. Para eso nos educan desde que nacemos. Para respetar a la autoridad, como si el respeto no fuese algo que se gana, sino un derecho inherente a un título inexistente otorgado por las absurdas jerarquías. Si alguien te dice que es así, es así, tronaba haciendo ecos dentro de mi cabeza. Desde chicos nos enseñan que no tenemos el derecho a discutir con un mayor, con un padre, con un maestro. Nos enseñan a aceptar, sumisos, cualquier barbaridad que algún humano perteneciente a una categoría superior a nosotros en este sistema jerárquico como un hecho irrefutable. Si la maestra dice que es así, debe tener razón. Si un hombre está abusando de su poder, siendo descortés, insolente u ofensivo, debemos soportarlo sin reclamos, porque es mayor. Si nuestro padre dice que es así, “es así”.
Ahora digo, ¿cómo puede un niño aprender qué es lo correcto y lo incorrecto si lo educamos así? ¿Cómo puede un niño ejercitarse para evitar el peligro del que lo estamos cuidando, si el único motivo que le damos es un “porque yo lo digo”? ¿Cómo puede luego reconocer en qué momento ayudar, cómo puede aprender a cruzar bien la calle, a cuidarse de los supuestos peligros, si no lo instruimos, si no le damos motivos, razones más que nuestra propia autoridad? Sería muchísimo más fácil, creo yo, explicar. Educar de verdad. Cultivar el aprendizaje, señalar los errores, los riesgos, los conflictos para así ayudarlos a crecer como deben.
“Si alguien te dice que es así, es así”. Estos mismos chicos son los que después crecen y se dejan hundir en la mediocridad de la aceptación con un automatismo ciego. Son los que aceptan leyes absurdas, los que se dejan pisotear por cualquiera por tener ‘más autoridad’, los que consienten, felices de ser correctos y falsamente educados caminando por el ‘buen camino’, cualquier absurdo que le presente un profesor, un docente, un guardia de seguridad, convencidos de su razón, y su grandeza inenarrable. Los que dejan que las viejas de cincuenta años (que se hallan en perfecto estado) exijan más derecho sobre los asientos del colectivo, los que permiten que les vendan productos pasados sin decir nada. Los que se quedan con lo que tienen, los que no se animan a aventurarse por más. Los que no conocen sus derechos, ni se interesan por saberlos y se someten a lo que sea, si alguien con más título lo ordena. Porque, por supuesto, “Si alguien te dice que es así, es así”.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Torre de Babel
Desde que tengo memoria que soy dueña de este carácter: mandona, exigente, y con una lengua espontánea y mordaz capaz de asesinar en un promedio de o.3 segundos.
Recuerdo, por ejemplo, a la edad de ocho años cómo mi prima y yo jugábamos a disfrazarnos, paseándonos por todo el living con la ropa de mi bisabuela, exhibiendo chales, vestidos de lentejuelas (ese amarillo que era mi favorito porque se parecía al de Anastasia), guantes de encaje y sombreros con piel sintética o pequeños y tipo Cloche, bien al estilo Charleston. Después nos sentábamos al lado del piano de cola con un micrófono a grabar canciones y documentales; por supuesto, el micrófono no salía de mis manos y quien osara utilizarlo debía pedirme permiso (prácticamente igual a mi relación actual con la computadora). Y mi prima, cinco años y medio menor que yo y queriendo participar de mi noticiero, me pedía el micrófono para balbucear unas palabras, a lo que yo respondía como la-más-hija-de-puta: "Contá algo más interesante", "Eso ya lo dijiste tres veces", "Andá para allá, traeme esto".
Incluso unos cuantos años antes, siendo la primera hija, nieta y sobrina de una familia grande que vivía (casi podría decirse) toda junta, fui víctima de besos excesivos, golosinas a cualquier hora, los peores malcríos e indudablemente, las bromas y gastadas de todos.
'¿Cómo es ese color? GRIN, ¿no?', preguntaba uno de los primos de mi mamá exagerando un acento inglés muy precario.
'Greeeeen', lo corregía yo con apenas tres años de edad, impecable, a lo que él volvía a decirlo con una pronunciación muy berreta.
Finalmente, frustrada y fuera de mis casillas resolví el asunto; lo miré y le dije: "Si no sabés inglés, no lo hables".
Sí, el idioma es mi pasión. Se me hace agua la boca y se me empañan los ojos cuando leo una frase profunda, ingeniosa. O simplemente una verdad sencilla y muy gráfica. El lenguaje bien aplicado es algo hermoso, es arte, es magia. Soy de las que les gusta subrayar libros, o plantearse el efecto de las palabras.
Y así como el lenguaje bien usado es una maravilla, no hay nada más irritante que las deformaciones. Aborrezco el lenguaje mal usado tanto como amo los artículos de librería, los cuadernos nuevos y las lapiceras de colores.
No hablo de la gente que deglute eses en un festín de letras; dentro de todo eso es perdonable, teniendo en cuenta las cuestiones regionales y sociales. No, hablo de algo mucho peor, de seres que emiten horrores gramaticales, semánticos, ortográficos y de todo tipo imaginable. 'Siéntensen, cállensen'.
NO. Es un poco de lógica, deriva del "que-se-sienten". Se-sienten, siénten-se, no es tan complicado.
Luego los que devoran glotonamente letras imperdonables, desfigurando palabras y pronunciando 'felicidá, coletivo, dotor, setiembre' (todavía no entiendo cómo carajo 'setiembre' está aceptado, es un dolor de oídos).
Tampoco tolero los desastres ortográficos como ocacion, ilucion, obsecion, tube que, navo, etc. No es pedirle a un chico de primaria que deletree algo como "concesión" o "estrambótico". ¡Son palabras comunes y corrientes!
Sin embargo, los peores monstruos, los más irritantes, los que son capaces de provocarme una serie de tics nerviosos, son los que faltan al lenguaje diario más básico.
'Vos tuvistes que decirle al chico ese... ¿Pero le dijistes? Osea, vistes que...'
Creo que si tuviese que soportar una conversación entera con un ente de esta naturaleza que anda escupiendo eses entrometidas cada dos palabras, sencillamente no podría. No lo tolero. Terminaría encerrada en el Borda o acribillando al emisor (hasta quizá ambas).
He aquí otra regla simple que muchos son incapaces de recordar, como si en lugar de una regla tuvieran que memorizar una enciclopedia entera en alemán, o todos los verbos y conjugaciones del francés: los CONDICIONALES.
Parece imposible que, siendo frases que utilizamos a diario, tantos alcornoques no puedan recordar una estructura tan simple como los condicionales.
Pero créase o no, estos criminales repiten constantemente frases como 'Si yo tendría plata, compraría una casa', 'Si podría lo haría', 'Si cruzaría la calle, me pisaría un auto'. No sólo es una regla común para todos, sino que queda feo.
FEO feo FEO FEO feo
Horrible, espeluznante, es contaminación auditiva.
El idioma está inventado por una razón. Es un medio de comunicación, es necesario, es una convención. ¡Yo no puedo ir y agregar o sacar letras donde se me cante! Imaginn qu, por jmplon, d pronton dcidon sacar una ltra y agrgar una n dspus d las palabras qu trminan n 'o'; o si a algún matemático que escribe un libro se le ocurriera llamar a Pi (π) con otro nombre, o cambiar en un gráfico el lugar de la variable dependiente y la independiente. No se puede, si hay una convención es por algo, es para lograr entendernos.
Lo otro es exactamente igual. Usar mal los condicionales, decir 'vistes, dijistes, pudistes, quisistes', es exactamente lo mismo. ¿O saben qué? Incluso peor. Porque es repulsivo para el oído humano; el hablar mal debería ser penado por ley.
Ahora, repito mi frase legendaria de hace tantos años. La solución es fácil.
"Si no sabés hablar, ¡no hables!"
domingo, 30 de noviembre de 2008
hoy: cerrá el orto
Pero he aquí una expresión que a todos nos habrá llamado la atención alguna vez (y si a usted no le llamó la atención, es porque no cuenta con tanto tiempo libre como el que me sobra a mí): "Cerrá el orto". Esta frase aparece en numerosas conversaciones, pero nunca se nos ha explicado a qué se debe, o de dónde proviene. Aquí, un breve análisis del posible origen de dicha oración.
Planteando una situación en la que el joven A hace alarde de sus convicciones, exponiendo peligrosamente su falta de conocimiento. Aquí, su cónyuge, amigo, pareja o compañero (joven B), dirige hacia él la famosa "Cerrá el orto".
Otra situación en la que esto podría aparecer, sería la siguiente: el joven A discute con el joven B. Llegado cierto punto de la discusión, nuestro joven A excede la paciencia de cualquiera sosteniendo sus ideas con frases absurdas; o, mismo, expresa en alta voz un pensamiento fuera de lugar.
La semiótica de esta vulgaridad puede ser analizada de las siguientes maneras:
a. La cantidad de palabras y groserías es tal, que la repugnancia que provoca puede compararse con aquella de la materia fecal. Por lo tanto, la boca (que despide esta serie de palabras, o heces) se asemeja al ano. De esta manera, “Cerrá el orto” = “Cerrá la boca”. El individuo B le ruega al joven A que detenga su charla elocuente.
b. El joven A ha entregado con anterioridad su trasero para la práctica de la sodomía. Esto tiene como consecuencia el dolor, que lo hace hablar de una manera desbaratada e inconmensurable. El individuo B sugiere al sujeto A que en ocasiones próximas que cuide su esfínter ya que podrá ahorrarle dolores incómodos y el habla excesiva.
c. El joven A ha entregado con anterioridad su trasero para la práctica de la sodomía. Esto no es considerado para una personalidad masculina y fuerte, por lo que el joven A es calificado como débil y prestado para objetivos que no le convienen, además de ser fácilmente influenciable. Esto quiere decir que el individuo A también puede prestarse a pensamientos absurdos que las malas lenguas han impuesto sobre él. El sujeto B le propone ser más cuidadoso para entregar su confianza en el futuro.
d. El joven A posee una boca entre sus nalgas en lugar del ano, o bien habla por éste último y defeca por la boca. Nuevamente, retornamos al concepto del primer punto, en el que el sujeto B le indica al sujeto A que cese sus expresiones agresivas y poco convincentes.
Damos finalizado por hoy el análisis etimológico del vocabulario corriente. Las sugerencias son bienvenidas.