jueves, 10 de diciembre de 2009

Formas de escuchar música

Los que nunca terminan de escuchar una canción porque en la mitad necesitan pasar a otra son tacaños y  les gusta ir a un tenedor libre y “aprovechar para comer todo”.

En cambio, los que no pueden cambiar la canción hasta que suene la última nota, por más insignificante que sea, son exagerados, quisquillosos y se quejan de todo.

martes, 1 de diciembre de 2009

¡Señor, señor!

¡Señor, señor, su celular hace un ruido horrible, me parece que va a explotar! ...ah, ¿eso era música?


Todos los días se aprende algo nuevo. Hoy, viajando en el tren, si alguna vez tuve dudas de cómo sonaría, aprendí que el Wiegenlied de Mozart no queda para nada bien con un rallador mugroso de cumbia de fondo.
Cada día me convenzo más de que los auriculares habría que utilizarlos para acogotar al que escucha música en vía pública y no los utiliza.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Bailemos

En todas las fiestas hay una cosa, entre todas las demás cosas que detesto, que me da ganas de tirarme de cabeza por un precipicio. En todas las fiestas hay un energúmeno deplorable que se cree "cool" y se divierte molestando al que no tiene ganas de andar deslizándose entre cuerpos sudorosos al ritmo de una cumbia o un reggaeton. Que se divierte exhortando persistentemente a los que no nos interesa cantar a los gritos "Azul" de Cristian Castro, ni nos emocionamos con las canciones de Axel.
Le voy a decir algo a este enfermo mental que llega en medio del carnaval carioca manifestando su exorbitante patetismo en todo su esplendor, a este tarado pusilánime que llega con la camisa transpirada y arremangada, una corbata en la cabeza, y un collar de flores con el que quisiéramos acogotarlo. A este imbécil que no tiene nada mejor que buscarnos en la silla en la que estamos sentados, tironearnos del brazo y arrastrarnos por el piso del salón como un cavernícola aunque le estemos diciendo a los gritos que ni en pedo ponemos un pie en la pista. A vos, retrasado mental, a vos te voy a decir: ¡Agarrá esas antenitas fluorescentes que tenés en la cabeza y andá a bailar con E.T., FORRO!


lunes, 19 de octubre de 2009

En el aula

El mundo se divide en dos tipos de personas:

Por un lado, los que llegan a un parcial con dos hojas arrancadas del cuaderno, y una lapicera medio muerta que usaron todo el año: dejados, desprolijos, impuntuales, despreocupados, perdidos, distraídos, rebeldes, hippies, relajados, despeinados, cómodos, Kurt Cobain, creativos, tiernos, dependientes, cariñosos, divertidos, extrovertidos, amistosos, depresivos, indecisos, ciclotímicos, olvidadizos, torpes, inconstantes, pensativos.

Por el otro, los que, aun sabiendo que no van a necesitarlo, no se presentan sin corroborar veinte veces que tienen tres lapiceras nuevas, una birome de color para subrayar, liquid paper, lápiz, sacapuntas, goma de borrar y regla: neuróticos, obsesivos, minuciosos, inquietos, fóbicos, nerviosos, inseguros, irascibles, Monk, prejuiciosos, imaginativos, ordenados, fieles, rutinarios, enamoradizos, calculadores, apasionados, perfeccionistas, sensibles, simbióticos, organizados, impulsivos, extremistas, sorpresivos, músicos, impredecibles.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Locura

Me ponen neurótica las personas que concluyen todos los diminutivos con y (por ejemplo: Gigy, Santy, Rodry)

martes, 6 de octubre de 2009

Cinéfilos

Para todos aquellos que gusten del cine, los invito a pasar a mi nuevo blog que estoy haciendo con augustine, donde vamos a subir las películas que más nos gustan con un pequeño review y links de descarga.

martes, 29 de septiembre de 2009

Porcinos (y no es la gripe)


Ayer, mientras pensaba sobre el herpes que me salió y que mutó en un descomunal meteorito radioactivo, se me ocurrió que hay un tipo de persona -o más bien, una costumbre bastante fea de un tipo de persona- que me pone los pelos de punta.
Hay gente que disfruta de pasar por tragedias, enfermedades y accidentes. Pero no porque pertenezcan a una secta sadomasoquista, ni porque se regocijen en su dolor: sino porque les fascina, los emociona hasta las lágrimas ser protagonistas de alguna historia hórrida y morbosa que puedan relatar. Toman carrera y se apresuran a tomar las riendas de la conversación cada vez que se les presenta la oportunidad de contar una anécdota de este estilo.
Ahora bien, lo terrible no es eso. Porque podrían simplemente amargarnos con las historias de su tempestuosa suerte, y contentarse con eso. Pero no. A esta especie lo que los lleva hasta el éxtasis es otra cosa: entrar en descripciones meticulosas, hacernos visualizar por completo cada gota de su sufrimiento, cada horror de su salud. Les tiembla la voz y se llenan de euforia con la simple idea de aterrorizar a sus oyentes.
Y por supuesto, en su acalorado discurso, se yerguen con un orgullo patriótico, con un aire a bandera nacional, y no pueden omitir el incluir las palabras: "marrón", "líquido", "pus", "chorreaba" y "flema". Sobre todo pus. Por alguna descabellada razón, a los ordinarios se les acelera el pulso cada vez que dicen "pus". Y no basta sólo con la palabrita; cuantas más veces la usen, cuanto más extraordinarias sean las cantidades en su narración, más felices son. Aunque uno los mire con cara de callateenfermo, sinoparásmevoyaperforarlostímpanosparanoescuchartemás, ellos miran con los ojos muy abiertos, hablan bajito, mueven mucho los brazos y hacen gestos de dolor, no importa que nuestra expresión delate nuestras ganas de salir corriendo. Hasta no ver la primera arcada no se detienen. Y ahí sonríen, felices de haber salido triunfantes de su calvario, satisfechos con su propia hazaña.
Esto es para ellos. A todo aquel que se deleita contándonos inmundicias escatológicas y demás: oíme, marrano hediondo: a NADIE le interesan los detalles de tu diarrea.